PRINCIPALES POBLACIONES DE LA SIERRA DE ARACENA Y PICOS DE AROCHE


ALÁJAR

En el pleno centro de la Sierra y con poco más de 800 habitantes dedicados casi todos a las labores del campo, se localiza la localidad de Alájar. Sobre ella se alza majestuosa la Peña de Arias Montanto, nombrada así en recuerdo del heterodoxo ministro de Felipe II retirado a estos lugares que para él estaban cargados de un magnetismo especial. En este mirador natural se encuentra la Ermita de Nuestra Señora de los Angeles, construcción manierista de los siglos XV y XVI en su parte más primitiva. El encantador trazado urbano de Alájar, destaca blanco sobre el verde del Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Las formas recortadas de sus calles y el rojo cuarteado de sus tejados recuerdan, desde la Peña, la silueta de un lagarto tumbado al sol. En cuanto al estilo serrano de su arquitectura popular, se puede admirar el Templo Parroquial de San Marcos, barroco y en el hoy despoblado San Bartolomé se levanta la Ermita de San Bartolomé, del XV y restaurada en el XIX. En la aldea del Calabacino, también despoblada, está la Ermita de la Trinidad, construcción de planta cuadrada e incompleta levantada en 1749.

Volviendo a subir a la Peña, y arrullados por el rumor de sus fuentes, encontramos en la Ermita de Nuestra Señora de los Angeles una piadosa muestra de exvotos, aportados por los beneficiados por la gracia de la Virgen. Sobre el mismo borde del escarpe de la Peña se encuentra una curiosa espadaña con algo de mensaje hermético. Es un arco de medio punto flanqueado por dos vanos rectangulares que definen un claro estilo constructivo, la serliana, muy utilizado por la arquitectura manierista. Escoltándolo se encuentran dos garitas de esta misma época –1700-. Otro arco se asoma al balcón de la Peña, es una portada almohadillada de claro estilo renacentista que probablemente fuera llevada a cabo por el humanista Arias Montano a mediados del XVI para embellecer el lugar. Parece ser que dicha portada hubiera pertenecido a la entrada de algún tipo de recinto o jardín actualmente desaparecido.

Vista del Castillo de Alájar

ALMONASTER LA REAL

Vista de Almonaster La Real


La histórica villa de Almonaster, con sus aproximadamente 2.000 habitantes, tiene viviendas de muy variados estilos: renacentista, gótico y mudéjar, todos ellos muy ambientados en un conjunto de gran interés urbanístico. Esta villa bien merece un paseo por sus lares. Entre sus monumentos histórico-artísticos están La Iglesia de S. Martín (s. XIV), y adosada a ella la Portada "Manuelina" del Perdón del siglo XVI. La Ermita de la Trinidad (s.XVIII) comparte espacio en la Plaza de la Constitución con el Ayuntamiento y la Casa Palacio de D. Miguel Tenorio de Castilla, ambos del XIX. Frente a la Ermita de la Trinidad está la antigua Casa Rectoral, del XVII. Desde la calle de la Fuente se llega a la Fuente del Concejo del s. XVIII, de ahí a la Ermita del Señor (XIX) y más adelante hasta la de San Sebastián, cuyos restos son del s. XVI.
En el centro, detrás de la Iglesia de San Martín, hay una Casa Señorial en cuyo interior encontramos hermosos frescos del pintor onubense Pedro Gómez, impresionista cultivador del paisaje con gran maestría y sensibilidad.

Atravesando la Plaza del Llano se accede al conjunto de Fortaleza (muralla romana y árabe) y Mezquita (edificio califal del X levantado sobre restos visigodos y romanos), edificaciones árabes de gran interés desde donde se ofrecen unas bellas imágenes del pueblo y sus verdes alrededores. Junto a este edificio encontramos una de las dos Plazas de Toros de la localidad del siglo XIX, mientras que la otra, del XVII, está en Santa Eulalia. Hacia el Sur de la población encontramos la antigua Tenería, del XIX, a la que se accede a través de un Puente Romano del siglo I. Otra Ermita extramuros, de singular interés y valor artístico, es la de Santa Eulalia, situada a 22km de Almonaster en dirección a Huelva. Contiene unos frescos de finales del s. XV y está asentada sobre una torre funeraria romana del s. I El Museo Municipal "Manuel Vázquez Vargas", en la calle Llana, 20, es el principal museo de la localidad.

En cuanto a los parajes más interesantes se recomiendan los numerosos senderos que ofrecen sus 320 km2 de término municipal y las hermosas perspectivas del parque Natural en el que está enclavado Almonaster.

A poco más de 3 km del casco urbano, accediendo por una pista forestal viable, se llega al Cerro de San Cristobal, de 917 m, con excepcionales vistas. Para una mejor vista del pueblo y sus alrededores recomendamos el Paraje de Aceña, en el antiguo camino real de Mérida. Existe un área de recreo muy bien equipada, entre pinares, a unos 6 km de la villa que se llama La Escalada. A 22 km dirección Huelva, está la ribera del Odiel, con la Dehesa de la Aguijuela y el Llano de Santa Eulalia, parajes con todo el sabor y la hermosura de estas serranías. El Balneario de El Manzano, en la ctra. A Gil Márquez, famoso por sus aguas ferrosulfurosas que poseen gran valor medicinal, es fiel destino de amantes del naturismo.

AROCHE

En plena Sierra de Aracena y rodeada por todas partes de naturaleza e historia, encontramos Aroche, una población típicamente serrana con algo más de 3.500 habitantes. La villa aparece majestuosa alrededor de un impresionante recinto amurallado del siglo XVII y que, a pesar de ello, no consigue ocultar el indudable interés arquitectónico del castillo almorávide del siglo XII, ni el encanto del mudéjar toledano de las Ermitas de San Mamés y Santa María del siglo XIII. Las murallas abrazan al pueblo y recorren sus calles en un emsamblaje que el tiempo y las gentes que han poblado esta villa pactaron en silencio.

También el tiempo, no sin ciertas ayudas, colmató el patio de armas del castillo y sobre éste se construyó en el siglo XIX una plaza de toros por donde aún pisan buenos toreros y jinetes, pues hay una gran afición en Aroche a todo lo relacionado con la hípica.

En la Iglesia de la Asunción encontramos un claro ejemplo de los estilos y transformaciones que los edificios visiblemente notables de una ciudad tienen a lo largo de su historia. En Aroche, el mudéjar y el gótico fueron rematados en un claro estilo renacentista, con un eclecticismo formal que no resta valor sino que lo añade, si cabe, a esta maravillosa construcción.

Vista de Aroche

Del siglo XVII son el Convento de la Cilla y la Cruz de Mármol; también visitables, son en Aroche algunas obras de arte tales como el Retablo de la Iglesia o la Cruz del Cardenal de Mendoza (s. XV). En la iglesia se puede admirar el Vestuario de los Jerónimos (s. XVI).

En cuanto a museos, encontramos una de las más curiosas colecciones que se puedan visitar. El Museo del Santo Rosario, fundado por Don Paulino Díaz Alcaide, con más de 1.500 ejemplares procedentes de todos los lugares del orbe y de las personalidades más dispares. Dependiente del Ayuntamiento es el recogido pero importante Museo Arqueológico, con una buena representación de piezas de distintas épocas, sobre todo la romana, cuando Arucci vetus llegó a acuñar moneda y a ser una de las ciudades más influyentes de la Bética.

Todo el entorno natural de esta población desprende belleza reposada y plena. A escasos 12 km de Aroche está el Paraje de las Peñas y la Rivera de la Peramora. Los alrededores de Aroche ofrecen muchos rincones y veredas de gran valor paisajístico.

ARACENA

Vista de Aracena

El corazón de La Sierra de este mismo nombre, Aracena, dedicada a las labores agrícolas y ganaderas, reparte sus algo más de 7.000 habitantes entre el propio pueblo y pequeñas y encantadoras aldeas. La villa es el punto de encuentro por excelencia del Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Entre una floreciente, activa y muy prestigiosa industria charcutera y de embutidos, que ha sido típicamente el destino de muchos viajeros.

La ciudad está presidida por el Cerro del Castillo, sobre el que se alza la hermosa Iglesia Prioral del Castillo y los restos de una vieja fortaleza. Bajo este cerro discurre un laberinto de simas y pasadizos, lagos de increíble belleza y, por todos lados, paredes y techos inundados de caprichosas estalactitas y estalagmitas que forman toda una sinfonía de increíbles volúmenes y sensaciones. Es la afamada Gruta de las Maravillas, en torno a la cual se ha levantado la industria turística de la villa. Esta cueva kárstica, abierta al público en algo más de 1.000 m. y una hora de sorprendente recorrido, ha sido acondicionada, no sólo en su itinerario, sino también en sus maravillosos juegos de luz, color y música en los que han intervenido músicos de prestigio como Luis de Pablos. Interesante es, por cierto, el Museo Geológico-Minero en la antesala de la Gruta, así como el entorno de ésta, incluidas tiendas, restaurantes y las hermosas esculturas de los alrededores, agrupadas en el fenomenal Museo de Escultura Contemporánea al Aire Libre.

Aunque este paseo es obligado, la Gruta es sólo parte de lo que Aracena ofrece al viajero. Recomendamos llegar hasta la idílica Fuente de la Zulema, novelada por José Nogales, o subir al castillo y asomarse al Atrio de la Puerta Real de la Iglesia Prioral (s. XIII-XV), desde el que se contemplan una vista inigualables por su belleza, quietud, color y las formas de esta inigualable sierra. Andar sus calles o asomarse al nacimiento del Río Odiel en Marimateos o a los senderos que existen en los alrededores de esta magnífica ciudad envuelta en un paisaje sorprendente, es obligación. Para visitar estos lugares se puede contactar con el Centro de Turismo Rural del Excmo. Ayuntamiento de Aracena.

Bajando del Castillo se llega a la inacabada Iglesia de la Asunción, renacentista de principios del s.VI y de cuya importancia da cuenta lo construido. La que fuera sinagoga hasta la expulsión de los judíos y que ahora está bajo la advocación de santa Catalina posee una puerta mudéjar datada en 1500. De este año es El Carmen, construida en el más puro estilo sevillano, y Santo Domingo, levantada sobre el antiguo Hospital de San Sebastián. Las edificaciones civiles son el Cabildo Viejo, obra medieval situada en la plaza Alta con una portada más moderna de Hernán Ruiz (1563), y el Palacio del Obispo Moya, del XVII. Todos los recorridos confluyen en la Plaza del Marqués de Aracena, recoleto espacio orlado de edificios de aires del siglo XIX, como el casino levantado por el arquitecto Aníbal González.